¿Existen las Modas en Fisioterapia?

Probablemente una de las preguntas que todo fisioterapeuta experimentado puede hacerse (o que seguro se ha hecho alguna vez) durante su carrera profesional es si realmente lo que uno hace en su consulta corresponde con el último tratamiento apoyado en la más novedosa evidencia científica disponible, ya que, con ello, pensamos en dar la mejor respuesta posible a los problemas de nuestros pacientes, lo cual es un noble propósito.

Ello hace salir a buscar formación e información en diferentes métodos de trabajo dentro de un área o incluso en otras áreas relacionadas para así poder almacenar toda esa información y todas esas técnicas que nos conviertan en mejores profesionales. Puede ser aquí dónde, a veces, se cometa o cometamos un error fundamental: perder la noción de que una profesión, como la Fisioterapia, es un camino y el fisioterapeuta el caminante que tiene une meta (ser mejor profesional cada vez) pero también debe disfrutar de dicho camino.

Todo esto nos sirve para introducir un tema tan recurrente como controvertido, el de las modas en un campo, en este caso la Fisioterapia. Comenzando por la Osteopatía y la Terapia Manual Ortopédica bajo la influencia de Maitland y toda la corriente australiana; continuando con J.H. Pilates, el Ejercicio Terapéutico y el Control Motor; siguiendo con la Neurodinamia y el Vendaje Neuromuscular o los Puntos Gatillo Miofasciales y las Técnicas con Aguja hasta la Educación al Paciente en Dolor. Los músculos, los discos y las articulaciones, la fascia, los nervios periféricos, el SNC, la PNIE… Todo en su momento de descubrimiento supone algo innovador, que parece debe romper con lo anterior y superarlo o cuanto menos, parece relegarlo a un segundo plano.

Una técnica empleada hace décadas (o incluso siglos) no necesariamente ha de ser de inferior calidad a una técnica recién descubierta ni viceversa. El tener más tiempo de estudio hace que sus principios puedan estar más probados, el ser posterior cronológicamente hace nacer a una técnica en un paradigma más actual. Por el contrario, una técnica de reciente descubrimiento puede caer en el debate sobre su eficacia, toda técnica que ya por haber demostrado su eficacia no adapta sus principios a los nuevos paradigmas o mejora adaptándose a los nuevos avances puede caer en la obsolescencia.

Se da además una circunstancia curiosa en la profesión de Fisioterapia, y es que existe normalmente una relación directamente proporcional entre la realización de una formación específica y la mejora de los pacientes posteriormente a su descubrimiento. Luego el profesional empieza a detectar que no en el 100% de los casos funciona y lo combina con sus anteriores conocimientos, hasta que entiende que debe obtener más herramientas para volver a ser eficaz porque las suyas se han quedado “obsoletas”. Pero si cabe es más curioso, como este patrón se repetirá de nuevo más adelante en diferentes ocasiones en la vida de un profesional (y puedes apostar que no le pasa a uno solo). Esto nos hace entrar en una espiral dónde cada técnica nueva que nos hace mejorar se convierte en una “moda” para nosotros y cuando pasa el tiempo debe dejar sitio a otra “técnica de moda”. Esto nos podría hacer reflexionar sobre si la importancia recae en la técnica en sí (lo cual por sí mismo parece insuficiente, máxime cuando si analizamos muchas de esas técnicas se basan en principios neurofisiológicos muy parecidos), el papel que juega el efecto placebo sobre los pacientes (lo cual seguramente no es malo que esté de nuestra parte, lo interesante es conocer qué hizo que funcionara) o los nuevos procesos mentales en la toma de decisiones que se han abierto en el terapeuta.

Esta visión ha sido ya recogida, y vamos a citar nada menos que a D. Butler, quien publicó en el año 2014 una gráfica con lo que denominó sus “olas profesionales”, contando su propia historia y mostrando sus momentos de evolución. El momento actual de un terapeuta, requiere haber entrado a conocer diferentes técnicas y enfoques y haber sacado el máximo partido de ellas en cada momento de su evolución.

D. Butler (2014)

Con todo esto, podemos volver al razonamiento inicial, dónde seguramente no es importante solo la meta (conocer esa última técnica, que puede convertirse en una moda en un momento de auge), si no disfrutar del momento de evolución como terapeutas y entender que existe, para tratar de entender cómo y por qué funciona aquello que hago, y así poder ponerlo de nuestro lado. Solo de esa manera, conseguiremos ese bagaje que nos permita afrontar cada nueva etapa con cimientos suficientes para hacernos evolucionar.